Alimentos ecológicos

En los últimos años se ha producido un incremento significativo en la producción y consumo de alimentos ecológicos.
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La elaboración y comercialización de alimentos ecológicos están sujetas a condiciones normativas específicas que persiguen establecer condiciones precisas de producción y eliminar equívocos en su denominación. En España, sólo podrán etiquetarse como productos bio los procedentes de la agricultura y ganadería ecológicas.

Métodos agronómicos y biológicos
Un alimento ecológico es el que se obtiene a partir de la producción ecológica, es decir, de la agricultura y ganadería ecológicas. Según el Codex Alimentarius, se define la producción ecológica como “un sistema de ordenación de la producción que promueve y mejora la salud del agrosistema, con inclusión de la biodiversidad, los ciclos biológicos y la actividad biológica del suelo”. En la definición se hace hincapié en el uso de prácticas de ordenación más que en el uso de insumos agrícolas (fertilizantes y pesticidas), teniendo en cuenta que las condiciones regionales requieren sistemas adaptados a cada lugar.

Se trata de un sistema de producción de alimentos más respetuoso con el medio ambiente
Esto se realiza utilizando métodos agronómicos, biológicos y mecánicos en lugar de materiales sintéticos. Se trata de un sistema de producción de alimentos más respetuoso con el medio ambiente porque favorece la biodiversidad de los agroecosistemas, disminuye la contaminación de suelos y aguas y puede contribuir a aumentar la sostenibilidad del sistema agroalimentario.

Los principios fundamentales de la producción de alimentos ecológicos podrían resumirse en los siguientes:

  • Uso mínimo de fertilizantes y plaguicidas.
  • Uso de plaguicidas naturales, no sintéticos.
  • Establecimiento de normas sobre materias permitidas, restringidas y prohibidas.

La producción ecológica, legislada en la Unión Europea por el Reglamento CEE 2092/91, prohíbe el uso de material modificado genéticamente (transgénicos) en la cadena alimentaria ecológica.

Producción ecológica

La agricultura ecológica, también conocida como agricultura biológica u orgánica, se diferencia de la tradicional en los métodos de explotación, que son más respetuosos con el medio ambiente. Se trata de una agricultura menos extensiva que no utiliza elementos químicos como fertilizantes inorgánicos, plaguicidas o antibióticos, ni semillas transgénicas o modificadas genéticamente. Esta técnica se sustituye por técnicas integradas en el sistema agrario que contribuyen a preservar las especies y variedades autóctonas y la diversidad biológica, tanto agrícola como silvestre.

Este tipo de cultivos disminuye la contaminación de las aguas subterráneas y de los suelos gracias al uso de fertilizantes orgánicos de baja solubilidad usados en cantidades adecuadas. Además, la agricultura ecológica provoca un aumento de la biodiversidad, ya que se trata de una producción que usa como una de sus herramientas la biodiversidad natural.

La agricultura ecológica prescinde de procedimientos químicos como fertilizantes, plaguicidas o antibióticos

Según un informe presentado a mediados de 2005 por la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM), en todo el mundo se dedican un total de 26 millones de hectáreas a la agricultura ecológica. En España, este método de producción en 2004 alcanzó más de 700.000 hectáreas. El cultivo más frecuente es el de cereales y leguminosas, así como el olivar y los frutos secos.

Las prácticas ecológicas en ganadería no incluyen el uso de hormonas y antibióticos. Varios son los aspectos que diferencian la agricultura ecológica de otros sistemas de producción. En líneas generales, este tipo de actividad favorece el uso de recursos renovables y es capaz de restituir al suelo los nutrientes presentes en los productos residuales. Los partidarios de la producción ecológica aseguran además que con ella se respetan los propios mecanismos de la naturaleza para el control de las plagas y enfermedades en los cultivos y la cría de animales, y evita la utilización de plaguicidas, herbicidas y abonos químicos.

Una de las dificultades a las que se enfrentan estos cultivos es la coexistencia con los cultivos transgénicos. Según la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE), la tolerancia de presencia de material transgénico en los lotes de semillas no transgénicas debe ser «cero técnico». Sin embargo, un estudio elaborado por la Agencia Europea de Medio Ambiente indica que se producen niveles de hibridación del 13,1% a 25 metros de distancia entre cultivos, de 1,6% a 200 metros y de 0,2% a 500 metros.

La ganadería ecológica, por su lado, está basada en el libre pastoreo, en una alimentación biológica para los animales y en el uso de métodos sanitarios a base de terapias y medicina alternativas, sin la utilización de antibióticos ni hormonas. Este tipo de ganadería experimentó un importante aumento con el inicio de la crisis de las «vacas locas».

Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación español, el número de explotaciones ascendió en 2004 a 1.777, una cifra que se caracteriza por la presencia de una gran diversidad de actividades. Esta variedad va desde el vacuno (43%) a la apicultura (5%), pasando por el ovino (27%), el caprino (8%), la avicultura (7%) y el porcino (6%).

Regulación

La producción de alimentos ecológicos es un sistema específico de producción. Por ello, es esencial garantizar la credibilidad y la autenticidad de sus métodos, desde la producción primaria hasta su consumo. En la UE, se aprobó en 1991 el Reglamento 2092/91, que describe de forma detallada cómo tienen que producirse, procesarse y envasarse los alimentos para que se ajusten a la descripción de «ecológicos». El reglamento especifica además los criterios para la inspección y posterior certificación de los productores, importadores y procesadores de alimentos.

La norma establece que el 95% de los ingredientes del producto final se tienen que haber producido con métodos ecológicos

A finales de 2005, la Comisión Europea adoptaba una proposición para un nuevo reglamento sobre producción ecológica para mejorar la información que recibe el consumidor. Según estas condiciones, al menos el 95% del producto final tiene que ser ecológico para poder llevar la etiqueta que lo defina como tal. Los productos que contengan organismos modificados genéticamente (OMG) no podrán llevar esta etiqueta, excepto si contienen menos de 0,9% de OMG por contaminación accidental.

El nuevo reglamento, que entró en vigor el 1 de enero de 2009, define los principios de la producción ecológica; asegura que se cumplen con los principios en todas las etapas de la producción animal, acuícola y vegetal; precisa las normas OMG; hace obligatorio el logotipo UE o una indicación del tipo «Producto ecológico UE»; mejora los controles con la adaptación del sistema de control al sistema oficial de control de alimentos y garantiza que las normas aseguran la más alta calidad.

En España, el Consejo de Ministros aprobó en 2009 un Real Decreto que protege el uso de la denominación bio. A partir de esta nueva medida sólo podrán etiquetarse como productos bio los procedentes de la agricultura y ganadería ecológicas.

Otros términos como natural, sin conservantes ni colorantes, dietético y otros utilizados habitualmente en el etiquetado de alimentos, nada tienen que ver con el método de producción ecológico y, por tanto, no deberían confundir a los consumidores.

Ecológicos frente a convencionales

Uno de los aspectos que genera más polémica es si el alimento ecológico es o no de mayor calidad que el alimento convencional. Mientras los defensores se empeñan en demostrarlo, sus detractores insisten en rebatirlo. A pesar de que hasta el momento no existen pruebas que demuestren que los alimentos ecológicos sean más seguros o nutritivos que los que se producen de forma convencional algunos estudios constatan que existen diferencias entre el ganado alimentado con fórmulas orgánicas y el criado con fórmulas químicas, y que sus efectos se traducen después en la calidad de la carne.

Hasta ahora no existen pruebas que demuestren que los alimentos ecológicos sean más seguros o nutritivos que los convencionales

Algunas de las principales diferencias entre los dos tipos de productos están en la apariencia física. En líneas generales, aspectos como el color, el brillo o el tamaño de los alimentos ecológicos suele ser de calidad inferior que los convencionales, por lo que pueden resultar menos atractivos. También es un inconveniente su periodo de conservación o vida útil, que suele ser inferior a la de los alimentos convencionales en la mayoría de casos.

Sin embargo, las frutas y verduras ecológicas contienen más vitaminas y minerales que las convencionales, debido sobre todo a su menor contenido en agua, y no contienen restos de pesticidas de síntesis debido a la prohibición en las normas de producción. En los últimos años se ha ido perfilando una cierta tendencia hacia este tipo de alimentos. En la UE, esta opción se justifica en aspectos como la ausencia de residuos de pesticidas y mayor cantidad de vitaminas y minerales.

A pesar de que hasta hace poco los alimentos ecológicos han tenido un coste superior a los convencionales, la apuesta por la calidad y la seguridad predispone a los consumidores a asumir esta exigencia. Además, la dificultad de acceder a este tipo de productos, sólo posible hasta ahora en comercios especializados, va disminuyendo, debido sobre todo a la rápida proliferación de productos ecológicos en grandes cadenas de supermercados en toda Europa. No sólo se va facilitando el acceso sino que se amplía también la oferta.

José Luis Rodero Jurado

NATURÓPATA.
Homeopatía. Masaje.
Acupuntura.  Nutrición.
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