Prevenir la osteoporosis

La Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) advierte que esta enfermedad silenciosa se convertirá en el siglo XXI en una epidemia que afectará a una de cada tres mujeres mayores de 50 años.

La osteoporosis se caracteriza por una reducción de la masa ósea responsable de un aumento de la fragilidad ósea, y en consecuencia de fracturas espontáneas.

La importancia que ha adquirido en los últimos años la profilaxis de esta patología, se debe al inmenso costo que para los sistemas de salud tienen las fracturas, así como la alta mortalidad y discapacidad que acarrean, sin olvidar el impacto que el dolor causa a los pacientes que las padecen. Se ha calculado que en el mundo puede haber unos 200 millones de personas con osteoporosis. El costo de atención de estos pacientes se mide en miles de millones de euros.

La mayor incidencia de esta patología se da en las mujeres, tras la menopausia donde se produce pérdida ósea, sobre todo trabecular (del interior del hueso).
Entre los 40 y los 50 años, el ciclo sexual femenino se hace irregular hasta que cesa completamente. Este periodo se caracteriza por la carencia de estrógenos (hormonas sexuales femeninas), lo que lleva consigo unos cambios fisiológicos importantes, entre ellos la pérdida de masa ósea y el riesgo de aparición de osteoporosis.
En las mujeres, este problema de salud aumenta el riesgo de fracturas, principalmente de vértebras y de cuello de fémur. En este sentido, el sexo femenino es un factor de riesgo en el desarrollo de esta patología.
No obstante, puede afectar a los dos sexos a una edad más avanzada. Produciéndose pérdida ósea tanto cortical (de la parte externa) como trabecular, lo que puede provocar fracturas de fémur, tan comunes en personas de edad avanzada.

Uno de los problemas más importantes de la osteoporosis es que se trata de una enfermedad que no da síntomas y que no suele detectarse hasta que se produce la primera fractura. Estas fracturas osteoporóticas originan, además del coste sanitario, una notable disminución de la calidad de vida de los pacientes, por lo que todos los especialistas tratan de identificar precozmente el riesgo y evitar la primera rotura de un hueso. Las fracturas más comunes por esta causa son las de vértebras, muñeca, cadera y pelvis.


El desarrollo óseo a lo largo de la vida

El hueso no es algo inerte que sólo sirva de sostén para el resto de las estructuras del organismo. Desde el nacimiento de la persona, los huesos tienen un metabolismo muy activo que no termina con el crecimiento. Una vez finalizado su desarrollo, el hueso está en continua renovación y remodelación.

El crecimiento más rápido de la masa ósea se produce desde el inicio de la pubertad hasta el final de la adolescencia. La mitad del capital óseo se adquiere durante este periodo. A continuación viene la fase de consolidación que dura aproximadamente hasta los 25 ó 30 años, periodo de la vida en el que se alcanza el pico máximo de masa ósea. Es por tanto, durante la infancia y la adolescencia, cuando la prevención por medio de una alimentación adecuada adquiere mayor relieve.
Un aporte correcto de calcio parece decisivo para obtener una buena masa ósea. Por tanto, el capital óseo constituido en la adolescencia puede ser un buen factor de prevención de la osteoporosis.

A partir de los 25 ó 30 años aproximadamente, la masa ósea comienza a disminuir de forma lenta y constante. El organismo inicia esta pérdida a un ritmo de alrededor del 5% cada 10 años, un volumen de pérdida que afecta de manera idéntica a ambos sexos. Sin embargo, en las mujeres perimenopáusicas, la disminución de masa ósea ocurre a razón de 2% a 3% por año en los primeros 5 años; luego continúa alrededor del 1%, así que al llegar a los 80 años de edad, ha perdido cerca de 40% de su pico de masa ósea.
En los hombres la tasa de pérdida es bastante menor; al llegar a los 80 años, han perdido cerca de 25%. Aparentemente, según las investigaciones realizadas, la deficiencia estrogénica es la principal causa de esta diversidad.. Es decir, la pérdida de masa ósea se produce a un ritmo cuatro veces más rápido que antes de la retirada de la menstruación.


Situaciones de riesgo

El tabaquismo, un consumo excesivo de alcohol, la inmovilización prolongada, la falta de ejercicio regular, y una dieta insuficiente, en el caso de la anorexia, o escasa en calcio y en vitamina D son elementos de los que se nutre la aparición de la enfermedad, además de los antecedentes genéticos, la edad avanzada, el trasplante de órganos, la amenorrea y la terapia prolongada con corticoides, por ejemplo para el tratamiento del asma.


Prevenir la osteoporosis es un objetivo prioritario para la UE.

En España, la enfermedad afecta en la actualidad a más de tres millones de personas y ocasiona unos gastos de 100 millones de euros sólo en tratamiento y cuidados de la fase aguda de las fracturas.

Los especialistas insisten en que son básicas medidas preventivas sencillas como una dieta adecuada y un ejercicio físico moderado, que son aconsejables durante toda la vida y que deben empezar ya en la infancia.

El informe de la Unión Europea establece una serie de recomendaciones concretas dirigidas a los gobiernos de los estados miembros. Especialmente destacable es la advertencia de que se tome en cuenta la prevención de la osteoporosis como un objetivo sanitario importante, que deben abanderar los responsables de educación y promoción sanitarias.

Para los especialistas europeos esta prioridad hace necesaria una coordinación de los distintos sistemas nacionales, con el fin de planificar la redistribución apropiada de los recursos. La Unión Europea se compromete a crear y aplicar las políticas que asesoren al conjunto de la sociedad en general, y a los profesionales en concreto, sobre los aportes de calcio y vitamina D en todas las etapas de la vida.
Asimismo, el informe recomienda realizar mediciones de la densidad ósea en aquellas personas de alto riesgo.


La dieta, pilar básico en la prevención

Un aporte adecuado de calcio dentro de una alimentación equilibrada durante toda la vida, haciendo especial hincapié en las etapas de crecimiento y desarrollo óseo, es fundamental para prevenir la osteoporosis.

La absorción del calcio de los alimentos se ve favorecida por determinados nutrientes como vitamina D, la lactosa y el ácido ascórbico, entre otras sustancias. Podemos y debemos llevar una dieta saludable sin productos lácteos, rica en calcio, fósforo, magnesio, silicio, boro y otros minerales.

La preocupación por el calcio

Ningún animal (en estado libre) tiene a su disposición tetra-briks de leche en los árboles, de modo que no consumen leche de otros animales. Y a pesar de ello, no suelen padecer deficiencias de calcio. ¿Por qué? Sencillamente porque las dietas que llevan les proporcionan todos los nutrientes que necesitan para su estado de salud normal, de forma instintiva saben qué deben comer y están preparados para extraer de esos alimentos todo lo necesario.

El problema lo tiene el ser humano, que ya ha perdido esa referencia instintiva y nuestra dieta está tan desnaturalizada que invariablemente incorpora un exceso de ciertos factores y una carencia de otros.

Pero en relación al calcio, todo se ha construido en torno a un mito infundado que asocia la falta de calcio en el organismo con la falta de calcio en la dieta. Lo cierto es que nada más lejos de la realidad: por mucho calcio que se añada a la dieta, si los hábitos de vida en conjunto son incorrectos, las pérdidas de calcio seguirán representando un problema. Y al contrario: muchos pueblos indígenas con unos niveles relativamente bajos de calcio en la dieta obtienen suficiente calcio para mantener huesos robustos de por vida, gracias a los factores benéficos de su estilo de vida global.

En este sentido, existen ciertos estudios que arrojan resultados destacables.

El Estudio de Salud de Enfermeras de Harvard, que siguió a más de 75.000 mujeres durante 12 años, mostró que el aumento del consumo de leche no tiene un efecto protector sobre el riesgo de fracturas. De hecho, el consumo superior de calcio procedente de los lácteos estaba asociado a un mayor riesgo de fracturas.

Por otro lado, tenemos el Estudio de Nutrición Cornell-Oxford-China, conocido como Proyecto China por haber sido realizado en China continental y Taiwán. Es un estudio masivo sobre más de 10.000 familias diseñado para estudiar la dieta, el estilo de vida y las enfermedades a lo ancho de las lejanas áreas rurales de China. Mediante la investigación simultánea de más enfermedades y más características dietéticas que ningún otro estudio hasta la fecha, el proyecto ha generado la base de datos más completa del mundo sobre las múltiples causas de la enfermedad. En este estudio se observó que los chinos (que tradicionalmente nunca han consumido lácteos y en general su ingesta de calcio es baja), presentan un riesgo muy inferior de osteoporosis, y las fracturas de cadera allí son poco frecuentes.

Es decir, que en realidad todo apunta a que los lácteos no ayudan para mantener huesos fuertes; se puede reducir el riesgo de osteoporosis reduciendo el consumo de sodio y proteína animal en la dieta, aumentando el consumo de frutas y verduras, haciendo ejercicio, y asegurando un adecuado consumo de calcio procedente de vegetales tales como las hortalizas de hojas verdes, las legumbres y los frutos secos. Por ejemplo, una ración de brécol contiene tanto calcio aprovechable como un vaso de leche, además de muchos otros nutrientes saludables.

Cómo reemplazar los derivados lácteos

El hecho de renunciar al consumo de productos lácteos puede acarrear problemas, pero no para la salud física sino más bien de tipo social o psicológico, pues en el mundo actual se da un uso indiscriminado de productos lácteos, que se han introducido en las costumbres más cotidianas y además forman parte de una gran mayoría de los alimentos elaborados que se consumen habitualmente. Renunciar a ellos puede dar la impresión de no poder consumir casi ninguno de los alimentos que solíamos consumir, y de restringir enormemente nuestra variedad dietética. La solución está, una vez más, en utilizar nuestra imaginación, explorar nuevos alimentos y buscar sustitutos eficaces.

Se pueden reemplazar los lácteos más comunes con los siguientes productos:

  • LECHE LÍQUIDA: Existen multitud de alternativas, que son las leches vegetales. La más conocida es la leche de soja, tomada de las tradiciones orientales, pero también están las de avena, arroz, almendras, avellanas… Existen muchas marcas en el mercado y también se pueden elaborar en casa si se desea. También tenemos un producto muy tradicional: la horchata de chufa. En general la leche de soja es la que más se presta a diversos usos (en el desayuno, con cereales, para cocinar, como en la bechamel, o en la preparación de pasteles y postres).
  • MANTEQUILLA: Aunque las margarinas convencionales suelen incorporar algún subproducto lácteo (suero, leche desnatada, etc.), en las tiendas de dietética se pueden conseguir margarinas 100% vegetales, elaboradas a partir de aceites vegetales, y además no están hidrogenadas (los procesos de hidrogenación, aplicados para hacer compactos los aceites vegetales, son perjudiciales para la salud). No obstante, los aceites de palma y coco, aunque son de origen vegetal, tienen un contenido bastante elevado de grasas saturadas, y por tanto deben consumirse con moderación.
  • YOGUR/NATILLAS: También se puede elaborar yogur a partir de las leches vegetales, como la de soja. Lo único que se necesita es disponer de los fermentos iniciales, que se pueden adquirir en las tiendas de dietética (usar un yogur convencional no es una buena opción). Los supuestos beneficios del yogur proceden de las bacterias que contienen, no del tipo de leche que constituya su medio de cultivo. También se comercializan yogures de soja, aunque en nuestro país todavía disponemos de poca variedad. Igualmente existen en el mercado postres de soja que, mediante la adición de espesantes, ofrecen una consistencia cremosa, similar a las natillas; también pueden ser preparados en casa con facilidad (cocer la leche de soja añadiendo como espesante fécula de patata o agar-agar, y dejar enfriar).
  • QUESOS: El mismo proceso que se utiliza para elaborar queso a partir de la leche de vaca, se puede aplicar con las leches vegetales, principalmente la de soja. El queso de leche de soja se conoce con el nombre de tofu. Los quesos curados son más difíciles de imitar, aunque en otros países ya se comercializan muchas variedades de quesos preparados a partir de soja.
  • HELADOS: Aunque en otros países existe una amplia oferta de helados dietéticos a base de soja, en nuestro país todavía es difícil encontrarlos. Las heladerías producen la mayor parte de sus helados en crema a partir de la leche, por lo que las opciones no lácteas son muy escasas, se reducen a las horchatas, los granizados (limón, café o cebada) y los sorbetes de frutas. Sin embargo, con una heladera se pueden preparar en casa helados a partir de leche de soja, añadiendo los sabores preferidos.

Es importante la asimilación, no sólo de calcio y minerales, sino también de Vitamina D.

. Sin embargo, existen otras sustancias que interfieren con la absorción de Calcio y minerales, por lo que será necesario no abusar de:

  • El salvado o los cereales integrales, ya que contienen fitatos o ácido fítico, que forman sales insolubles con el calcio y disminuyen su absorción.
  • El fósforo, que provoca una disminución de la absorción de calcio. Abunda en los alimentos de origen animal, como carnes, pescados, huevos, lácteos, así como en legumbres y bebidas refrescantes de cola.
  • Las proteínas animales en la dieta, al relacionarse con una disminución de la absorción de calcio.
  • El tabaco y alcohol, disminuyen la densidad mineral ósea.

Cuando la osteoporosis está avanzada se hace necesario un tratamiento que incluya suplementos dietéticos o farmacológicos específicos que habrá de valorar el especialista. En este sentido, cabe mencionar que suplementos combinados de calcio, minerales y vitamina D resultan más efectivos, ya que no sólo previenen la pérdida de masa ósea femoral, sino que también disminuyen la incidencia de fracturas de cadera.

La osteoporosis no se cura, pero el tratamiento adecuado puede detener la pérdida y favorecer la recuperación de masa ósea y disminuir la incidencia de fracturas. En la actualidad se dispone de diversos medicamentos, tanto alopáticos como homeopáticos, que resultan útiles en el tratamiento y control de esta patología.

José Luis Rodero Jurado
NATURÓPATA.
Homeopatía. Masaje.
Acupuntura.  Nutrición.
c/ Abades, 16, bajo B.
41001-Sevilla
Telf. 954.43.71.27—650.34.58.57
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