La Enfermedad del Mundo.

 

“Un cuerpo físico sano es el reflejo de una persona sana.  Un planeta saludable y habitable es el reflejo de un conjunto de seres sanos que habitan en él. La homeopatía del mundo somos nosotros, cada uno de nosotros”.

La enfermedad del mundo es nuestra enfermedad. Y esto puede entenderse en ambos sentidos de la implicación, ya que se realimentan mutuamente.

Es una cadena que podemos romper en algún punto. Y a través de la comprensión – la propia, siempre estoy expresándome desde la comprensión surgida de la experiencia directa – voy a escribir sobre un camino, un comienzo, o un seguir.

Enfermedad. (Del lat. infirmĭtas, -ātis).

 

1. f. Alteración más o menos grave de la salud.
2. f. Pasión dañosa o alteración en lo moral o espiritual. La ambición es enfermedad que difícilmente se cura. Las enfermedades del alma o del espíritu
3. f. Anormalidad dañosa en el funcionamiento de una institución, colectividad, etc.

 

( Del diccionario RALE ) La palabra enfermedad significa daño, alteración. El daño que nos hacemos a nosotros mismos, físico o espiritual, se manifiesta en el mundo que entre todos construimos. El daño que está hecho y plasmado en el mundo en que vivimos, nos afecta, nos hiere y en demasiadas ocasiones también, nos mata. Así sigue la pescadilla (o pesadilla), mordiéndose la cola …
Si queremos encontrar una manera de salir de este círculo dañoso tenemos primero que comprender cómo se produce la enfermedad.

La enfermedad entendida en su sentido más amplio: la enfermedad del mundo, la enfermedad del ser humano, la enfermedad de este planeta, la enfermedad de nuestro cuerpo, la enfermedad de nuestra mente, la enfermedad de las instituciones, la enfermedad del sistema. No pueden separarse unas de otras, porque todo lo mencionado forma un único ser de vida. Y el mecanismo que produce la enfermedad, o falta de armonía, es el mismo en todos los casos.

Hahnemann, padre de la homeopatía, dice que “no hay enfermedades sino enfermos”. Y Kent, comentando el Organon de Hahnemann, explica en su Filosofía Homeopática que “el que considera los resultados de la enfermedad como si fuera la propia enfermedad, y cree que desembarazándose de aquéllos acabará con esta, está loco”  (de Filosofía homeopática, su síntesis y esencia,  James Tyler Kent,  Ed. Dilema).

Está loco”, dice Kent. Y nosotros, ¿no estamos  a veces un poquito locos? ¿No confundimos los resultados de la enfermedad con la propia enfermedad también?

Y Kent dice, más adelante, “La suma total del hombre se encuentra en su entendimiento y su corazón, en lo que piensa y en lo que ama, y no hay nada más en el hombre. Si estas dos grandes partes del hombre, su voluntad y su entendimiento, se encuentran desunidas, eso significa alienación mental, desorden, muerte. Todo medicamento homeopático obra primeramente sobre la voluntad o sobre el entendimiento, afectando al hombre en su facultad de pensar o de querer y últimamente en sus tejidos, en sus funciones y en sus sensaciones.”

Aquí los principios homeopáticos nos proporcionan una base sólida sobre la que empezar a comprender cómo se origina la enfermedad. Nos están hablando de los dos movimientos internos característicos de toda forma de vida: el que se manifiesta o expresa hacia el exterior (que él llama voluntad; en otros sistemas es el Yang, el principio masculino, la acción, la tendencia a interactuar con el entorno) y el que acude hacia el interior (lo que llama entendimiento, lo introspectivo, lo que va hacia dentro, lo que recibe, el Yin).

Y el mecanismo en realidad es simple: el flujo equilibrado de ambos manifiesta salud,  entendida también en su sentido más amplio de armonía, belleza, equilibrio, calma, paz, felicidad. En todos los órdenes de la realidad.

La segunda parte de la exposición, Kent habla de cómo actúan los medicamentos. Aunque él se refiera a los homeopáticos, su explicación me resulta muy inspiradora, porque me hace plantearme una pregunta que amplía enormemente mi visión y forma de relacionarme con la realidad: ¿qué es un medicamento, entonces, un verdadero medicamento?

Algo que obra primeramente sobre la voluntad o el entendimiento y tiene la capacidad de afectar la facultad de pensar o de operar de una persona … Entonces …  ¿Unas  palabras precisas pronunciadas en el momento exacto no serían también un medicamento? ¿Un gesto amable con un camarero cabreado, no sería un medicamento? ¿Una sonrisa sincera, no sería un medicamento?

Curiosamente, lo último que menciona Kent en su texto son los tejidos, las funciones y las sensaciones. Y aquí enlazamos con otro de los principios fundamentales de la homeopatía: la ley y gobierno desde el centro. En la lección 4ª Kent expone que “Las heridas son violencias externas, pero las enfermedades son desórdenes internos que causan violencias. Todas las enfermedades verdaderas de la economía actúan desde el centro a la periferia.

Así que la enfermedad está en el centro del ser que la padece en forma de desorden interno y se extiende hacia la periferia. El desorden interno se refiere a la falta de equilibrio entre el flujo entrante y el flujo saliente.

En homeopatía se dice que el proceso de curación se genera primero en el centro y desde ahí fluye hacia la periferia, que va de dentro a fuera, y por ello Kent explica que los medicamentos primeramente actúan sobre el entendimiento y la voluntad y después sobre los tejidos, las funciones y las sensaciones. Un cuerpo físico sano es el reflejo de una persona sana.  Un planeta saludable y habitable es el reflejo de un conjunto de seres sanos que habitan en él.

 Y una persona sana es una persona equilibrada, atenta (de atención, aunque de lo otro también), amable, que sabe cuándo actuar y qué hacer, que sabe aceptar que muchas veces se va a equivocar y aprender de sus errores, que sabe cuándo es mejor callarse, que sabe cuándo aceptar una invitación y cuándo invitar, que sabe caerse y levantarse y seguir adelante, que se da cuenta de que ha metido la pata hasta el fondo y pide disculpas y si puede rectifica…  En resumen, una persona sana es un ser humano (no es un angelito, ni un super-héroe ni un monstruo de las cavernas) que es feliz, que vive la vida con tranquilidad y se lo pasa muy bien con lo que hace y por ello rezuma amabilidad y alegría por todos los costados.

Hay algo más que me parece importante comentar, y es la lección 2ª de Kent: “El más alto ideal de una curación”. Kent desglosa el segundo párrafo del Organon de Hahnemann y explica dos  aspectos que deben darse en todo proceso al que llamemos curación: restablecer la salud y no conformarse con eliminar los síntomas, y que el proceso de curación sea rápido, suave y permanente.

Kent está hablando de procedimientos de Salud, de unos métodos de Salud que tratan a las personas, no a las enfermedades. Y yo añadiría: está hablando de la medicina que cura al mundo. La homeopatía del mundo somos nosotros, cada uno de nosotros.

Porque hoy aquí estaba escribiendo sobre el mundo, y sobre nosotros, que lo construimos con nuestras acciones. Estaba pensando en el “sistema”, en el planeta, en la revolución del mundo árabe, en las elecciones próximas, en la crisis económica, en cómo me ha afectado que un amigo me diera plantón el domingo pasado, en las Cuatro Nobles Verdades, en lo que contaminan las pilas y lo cara que está la electricidad, en cómo ha cambiado mi vida desde que tomo remedios homeopáticos en lugar de fármacos, en el sms tan bonito que me envió anoche una amiga porque su hijo de seis años estaba echando de su habitación a unos fantasmas muy feos en lugar de llorar y asustarse como hacía otras veces …

Piano, piano, si va lontano, e si va sano.

Y observar, siempre observar, aplicar, observar, probar, observar, rectificar … y DISFRUTAR DEL CAMINO, fundamental.
Y esta dosis venía con postre:

HOMENAJE A LA VIDA QUE SOMOS. Si de pompas fúnebres se tratase no habría salido hoy el sol. Por ello alegrémonos y agradezcamos este rayo que continúa alumbrando en nuestras vidas.

Sigamos el camino con la confianza de quien sabe que su vida es valiosa y está destinada a la felicidad. No importan cuantos obstáculos encontremos porque ellos forman parte del camino y del brillar. Cada salto nos fortalece, cada enigma nos aprieta en el pensar y el descubrir, cada revés de la fortuna nos ayuda a abrirnos y mirar más lejos.
Hoy el cielo es azul y el sol brilla para nosotros, todos nosotros por igual.

Clara Luz

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José Luis Rodero Jurado
NATURÓPATA.
Homeopatía. Masaje.
Acupuntura.  Nutrición.
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